Trabajo contra la incertidumbre en un campo para refugiados.

En Zaatari, Jordania, viven decenas de miles de refugiados sirios. Pequeños trabajos, por ejemplo, de separación de residuos, les posibilitan ahora tener un ingreso.

dpa/Bernd von Jutrczenka - Refugees

A la izquierda se amontonan montañas de metal, al lado se ven innumerables botellas de plástico y más allá, cartones apilados: enormes cantidades de residuos, que se generan diariamente en Zaatari. En el mayor campo para refugiados de Jordania, a 15 kilómetros de la frontera con su patria, viven unos 80.000 refugiados sirios. Llegaron a ser 120.000, dice Jida Kamhabi, de la organización de ayuda Oxfam. Kamhabi, de nacionalidad jordana, trabaja en Zaatari en un proyecto de reciclaje, que posibilita a unos 800 hombres y mujeres tener un pequeño ingreso. La Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit (GIZ) coordina el proyecto por encargo del Ministerio Federal de Cooperación y Desarrollo (BMZ).

“Cash for work”: “Dinero en efectivo por trabajo”, así se llama la iniciativa laboral, creada en la Conferencia sobre Siria de febrero de 2015 en Londres. Su objetivo: luchar contra las causas de la huida y ofrecer a los refugiados sirios la oportunidad de ganar algo de dinero. El BMZ pone a disposición para ello 200 millones de euros, en Irak, Jordania, el Líbano y Turquía.

Sueldo mínimo local

Hasta fines de 2016 fueron creados así 39.000 puestos de trabajo: en la eliminación de residuos y el reciclaje, la construcción de viviendas, escuelas y calles, para maestras y maestros. Las personas reciben el salario mínimo local. Así pueden ir a la escuela 300.000 niños y 10.000 personas se cualifican profesionalmente. Se planea construir o modernizar 1.700 viviendas y varias docenas de escuelas y puestos sanitarios.

Todo ello es muy necesario, también en Zaatari. El campamento para refugiados es hoy una ciudad mediana, con una superficie de 750 campos de fútbol. Tiene jardines de infantes, parques infantiles y deportivos, dos hospitales y escuelas para 16.000 niños. Algunos refugiados abrieron pequeñas tiendas, restaurantes y talleres. Fuera del campo para refugiados les está prohibido trabajar. Tanto más importantes son las oportunidades de empleo dentro.

Simultáneamente, el campo tiene un problema de residuos. “Diariamente son producidas 30 toneladas de basura”, dice Jida Kamhawi. El trabajo de los refugiados en el proyecto de reciclaje también sirve, por lo tanto, para proteger el medio ambiente y crear una infraestructura. Los habitantes recogen los residuos y los llevan en carros hasta la planta de reciclaje del campo. Allí, otros participantes en el proyecto los clasifican y desmenuzan. Los cartones son prensados y enfardados. Otros refugiados venden los materiales fuera del campo. “Por una tonelada de plástico se pagan actualmente 270 dinares”, dice Kamhawi. Un monto equivalente a unos 340 euros.

El fin de la paralizante inactividad

Los ingresos son repartidos entre los trabajadores: un bienvenido complemento al equivalente de aproximadamente algo más de 26 euros que cada refugiado recibe en Zaatari de las organizaciones de ayuda. Quien trabaja en el proyecto de reciclaje recibe entre uno y dos dinares más por hora. Para los trabajadores es un comienzo y simultáneamente el fin de la paralizante inactividad, que a veces dura meses. Además, su trabajo mejora las condiciones de vida en Zaatari y ayuda a controlar el volumen de residuos, que también seguirán generándose en el futuro. 

Mucho de los refugiados esperan poder volver a su patria. La huida a Europa no es opción para ellos, dicen. No bien vuelva la paz, regresarán a Siria. Hasta entonces, el trabajo en el campo para refugiados les permite tener un pequeño ingreso… y algo así como una rutina cotidiana en medio de un exasperante estado de permanente incertidumbre.

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