Una rápida integración recompensa

Según nuevos estudios científicos, la rápida integración de los refugiados en el mercado laboral trae beneficios para todos.

En septiembre de 2015, una historia causó sensación en el debate en relación con los refugiados. Uno de ellos había logrado obtener una plaza de capacitación justamente en la distinguida isla de Sylt, en el Mar del Norte. Había huido de los talibanes y su primer alojamiento en Alemania fue un piso compartido para refugiados en la isla. Deseoso de trabajar, preguntó en un hotel si no había vacantes. Claas-Erik Johannsen, director del Hotel Benen-Diken-Hof, lo contrató como ayudante de jardinería. Pronto quedó tan impresionado con la dedicación del afgano al trabajo, que a fines del verano le ofreció un puesto de capacitación en el restaurante. La decisión fue provechosa para todos. Johannsen, que permanentemente busca personal y aprendices, tiene un nuevo empleado altamente motivado. Y su hotel llamó la atención en toda Alemania. Los comentarios en la página del hotel en Facebook van desde “desearía que todos pensaran e hicieran lo mismo” hasta “por eso nos sentimos bien en este hotel”.

Sin embargo, para los refugiados no siempre es tan fácil hallar una plaza de aprendizaje o un trabajo. En el otoño de 2014 fueron eliminadas algunas barreras burocráticas. Desde entonces rige que los refugiados no pueden desempeñar trabajo alguno los primeros tres meses. Luego les está permitido realizar solo tareas para las que no esté a disposición ningún ciudadano de la UE. Durante el procedimiento de asilo deben realizar además regularmente trámites, como por ejemplo renovar el permiso de estadía. Los refugiados pueden trabajar ilimitadamente solo cuando su solicitud de asilo ha sido aprobada. Y eso puede llevar mucho tiempo, debido al gran número de solicitudes. En vista de la escasez de mano de obra en Alemania, economistas y empresarios exigen una revisión del derecho de asilo y de las leyes de inmigración. Hoy existen en ese sentido cientos de iniciativas en las cámaras de industria y comercio, cámaras de profesiones manuales y medianas empresas, porque necesitan mano de obra. Por eso exigen también que se tomen las decisiones políticas correspondientes.

Para el economista Marcel Fratzscher, asesor político y presidente del Instituto Alemán de Investigaciones Económicas (DIW), con sede en Berlín, la cuestión decisiva en el debate en relación con los refugiados es cuán rápida y eficazmente son integradas las personas al mercado laboral. “Una integración exitosa no solo depende de los refugiados, sino en primer lugar de nosotros mismos y de qué hagamos para dar una oportunidad a esas personas”, dice Fratzscher. “Los gastos en relación con los refugiados que recibirán asilo en Alemania deben ser vistos como una inversión. También los gastos en guarderías y escuelas para los niños son inversiones, que se amortizan muchos años después”, agrega.

No todos piensan tan previsoramente. Los escenarios esbozados en el debate actual van de “desempleo masivo” hasta “oportunidad del siglo”. Marcel Fratz­scher es realista… y al mismo tiempo optimista. Con su equipo del DIW fue el primero en calcular detalladamente cada uno de los escenarios. El resultado: “Sí, la llegada de refugiados es a corto plazo sin duda un gran desafío financiero y organizativo para el país”, dice. Pero “incluso en el escenario más pesimista, el ingreso per cápita de los habitantes actuales de Alemania aumentará dentro de diez años, agrega su colega Simon Junker, vicedirector del departamento de Política Coyuntural del DIW”. Y destaca que “en un escenario más favorable, el efecto positivo puede tener lugar incluso más rápidamente, quizá ya dentro de cuatro a cinco años”.

Herbert Brücker, del Instituto de Investigaciones del Mercado Laboral y Profesional (IAB) puede incluso rebatir empíricamente los temores de que los refugiados le puedan quitar empleos a los alemanes u otros ciudadanos europeos. “En los últimos cinco años hemos creado un millón de empleos para extranjeros”, dice. Simultáneamente aumentó en Alemania la tasa de ocupación de los alemanes, sin que se registrara una caída del nivel salarial.

Según datos del Ministerio Federal de Trabajo, 67.900 inmigrantes hallaron empleo en Alemania entre octubre de 2014 y septiembre de 2015. Muchos, incluso una cifra por encima del promedio, trabajan en la construcción, los servicios y los depósitos de mercaderías, es decir, en el segmento de los trabajos más sencillos. Pero esa no tiene por qué ser la única posibilidad. Al contrario. En muchas grandes ciudades alemanas, la Oficina Federal de Migración y Refugiados (BAMF) ha creado Programas de Intervención Temprana. El objetivo: reconocer rápidamente el potencial de los refugiados, para continuar capacitándolos y luego ofrecerles puestos de trabajo –para los que generalmente son necesarios buenos conocimientos de alemán– o plazas de estudio de acuerdo con sus cualificaciones. Las primeras experiencias son muy positivas. Muchos tienen ya buenas cualificaciones, quiere trabajar y están muy motivados, dicen unánimemente los directores del proyecto. ▪