¿Aventura? Sí, pero sin pasarse.
Un rincón junto al mar, con techo, paredes laterales y una comodidad sorprendente. Lo que el sillón de playa revela sobre los alemanes.
Los alemanes disfrutan de las vacaciones de verano junto al mar al menos tanto como los neerlandeses o los británicos. Sin embargo —y a quién le sorprende esto, teniendo en cuenta que se dice que este pueblo tiene un marcado sentido del orden—, son reacios a renunciar a la privacidad, la seguridad y un cierto gusto por tenerlo todo bien organizado. Tejido con mimbre, con cojines de rayas azules y blancas o rojas y blancas, pesado como un mueble de salón y, por lo general, disponible solo en alquiler por días, caracteriza las playas alemanas como casi ninguna otra cosa.
Este mueble protector fue inventado en 1882 por Wilhelm Bartelmann, un artesano cestero de la corte de Rostock. Sus compatriotas no tardaron en rendirse a sus encantos y empezaron a reservar durante semanas los sillones de Bartelmann. Ya sea con el diseño más anguloso típico del mar del Norte o con las formas redondeadas características del Báltico, hoy en día sigue siendo difícil encontrar una playa en las costas alemanas sin estos sillones. En los países vecinos, en cambio, suele ser en vano buscarlos.
Quizá la razón radique en su asombrosa versatilidad. El sillón de playa combina la aventura con la sensación de seguridad, el aire fresco del mar con un toque de salón. Diseñado normalmente como biplaza, ofrece espacio para compartirlo con tu persona favorita, mientras mantiene al resto del mundo a distancia. El techo y las paredes laterales protegen del sol, el viento y las miradas curiosas. Los reposapiés extraíbles, los reposabrazos y las pequeñas mesitas plegables proporcionan una comodidad sorprendente.
En algunos sillones caben familias de cinco miembros con nevera portátil, toallas, pelotas, moldes, palas, chubasqueros y un cocodrilo hinchable. El espacio no es una cuestión de superficie, sino de voluntad, hasta que surge la inquietante pregunta: ¿dónde está Fluffy, el teckel de pelo duro?
Para disfrutar de un poco de intimidad en la playa, antaño algunos veraneantes llegaban incluso levantar pequeños montículos de arena alrededor de su sillón de playa. Hoy esa costumbre prácticamente ha desaparecido. Lo que permanece es el sillón de playa, quizás la forma más alemana de pasar las vacaciones: en plena naturaleza, sí, pero sin renunciar a un rincón resguardado y propio.