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“Esa censura interiorizada no desapareció de inmediato”

En Irán, censurada; en Alemania, libre: por qué la periodista Maryam Mardani necesitó tiempo para entender esa libertad y qué aprendió de sí misma en el proceso. 

Protokoll: Anna Chiara Doil , 23.04.2026
Maryam Mardani en Berlín. La periodista vive exiliada en Alemania desde 2013.
Maryam Mardani en Berlín. La periodista vive exiliada en Alemania desde 2013. © By Ali Ghandtschi

La libertad de prensa está recogida en Alemania en el artículo 5 de la Ley Fundamental de la República Federal. Para Maryam Mardani, no era algo tan evidente. La periodista iraní ha trabajado bajo censura y reside en Alemania desde 2013. En este testimonio nos cuenta cómo ha cambiado su trabajo en estas condiciones. 
 
“En 2013 me subí a un avión en Shiraz para empezar una nueva vida. Tenía 29 años y llevaba dos maletas, llenas hasta arriba de ropa, libros y sueños que en Irán no había podido hacer realidad. Dejé atrás a mi familia, a mis amigos y la vida que había tenido hasta entonces. Ante mí estaba Alemania, un país desconocido que me prometía libertad. 

Acababa de terminar mi máster en Literatura Inglesa y había empezado a trabajar como profesora en Irán. Pero los choques con la dirección de la universidad eran constantes: a veces me decían que no podía dar clase sin llevar el velo. Después, que debía cambiar mi forma de vestir o evitar hablar con estudiantes varones. Tampoco podía publicar mis relatos cortos debido a la censura. Era una mujer joven, con un cuerpo sano, pero la represión de mis ideas me hacía sentir profundamente mutilada. Así que decidí dejar Irán. Un doctorado en Alemania se convirtió en mi oportunidad. 

Al llegar a mi nuevo hogar, me planté con mis maletas en la estación de un pequeño pueblo bávaro, totalmente abrumada. Nada más llegar, una joven muy amable —que se presentó como estudiante italiana— se acercó a mí y me ofreció ayuda. Aquel primer encuentro, fruto del azar, se me quedó profundamente grabado.  

Fue mi primer encuentro con otra estudiante de la universidad. Tras aquel encuentro tan cercano, sentí que las personas, más allá de su nacionalidad, pueden entenderse y acercarse con facilidad, mientras los gobiernos tienden a separarnos. 

Pasaron años hasta que me sentí realmente libre. Sí, ahora era “libre”, pero ¿qué significaba eso realmente? Al principio no lo sabía. Incluso al escribir mi tesis doctoral, notaba hasta qué punto la censura seguía instalada en mí. Esa “censura interiorizada” no desapareció de inmediato. Pero con el tiempo fui encontrando las palabras para decir lo que realmente quería. 

Al terminar el doctorado, empezó a tomar forma mi deseo de ser periodista, una profesión que en Irán habría sido inalcanzable para mí. Allí no hay libertad de prensa. Los periodistas no trabajan de forma independiente como en Alemania, sino sometidos al control del régimen. Quien informa con espíritu crítico se juega la libertad o la vida. He visto cómo amigos eran detenidos por escribir sobre temas como el consumo de drogas o el trabajo infantil. 

Ahora, tras 13 años viviendo y trabajando en Alemania, percibo que la libertad de expresión, aunque está protegida por la Ley Fundamental, también está marcada por ciertas sensibilidades sociales y mediáticas en torno a algunos temas políticos que delimitan el debate. Especialmente en la cobertura informativa y en los debates públicos sobre Oriente Próximo —como el conflicto con Irán o la guerra en Gaza— percibo una clara cautela a la hora de cuestionar con dureza la política israelí. 

Al mismo tiempo, el tema tiene también una dimensión personal. Me preocupa mi familia en Irán, que vive entre la guerra y la represión. Resulta especialmente duro ver cómo la generación joven pierde la esperanza. Mis sobrinas y sobrinos aún son adolescentes, pero ya han renunciado a sus sueños. Ojalá algún día puedan vivir lo que yo viví: una vida en libertad y la posibilidad de hacer realidad sus metas.