¿Existe una segunda Tierra?
Astrobiólogos del Instituto Max Planck buscan vida en el espacio. Un sistema estelar resulta especialmente fascinante para ellos.
Son siete los planetas que orbitan una pequeña estrella, a unos 40 años luz de la Tierra. El sistema Trappist-1 funciona, para astrobiólogas y astrobiólogos, como un laboratorio natural ante la que quizá sea la gran pregunta de todas: ¿puede haber vida ahí fuera?
“El sistema es extraordinariamente sugerente”, afirma Eva-Maria Ahrer, investigadora posdoctoral en el Instituto Max Planck de Astronomía (MPIA) en Heidelberg. Y es que varios de los siete planetas, de tamaño terrestre, se encuentran en la llamada zona habitable, esa franja donde, en teoría, podrían darse agua y, con ella, vida.
Descifrando la atmósfera con luz
En el MPIA, el equipo investigador analiza las atmósferas de este tipo de planetas lejanos. Con datos, por ejemplo de observaciones del telescopio James Webb, rastrean qué gases hay allí y si entre ellos se esconden biosignaturas que sugieran vida pasada o presente. Para ello, los investigadores aprovechan la luz estelar que atraviesa la atmósfera del planeta y, por su brillo y sus colores, deducen qué gases la forman.
“En planetas más grandes podemos medir con bastante claridad vapor de agua o dióxido de carbono”, afirma Ahrer. Pero en planetas pequeños, similares a la Tierra, como los del sistema Trappist-1, la cosa se complica considerablemente: Sus atmósferas son finas, las señales débiles – a menudo las mediciones se sitúan justo en el límite de lo técnicamente alcanzable.
¿Puede surgir vida en otros planetas?
A ello se añaden también las dificultades que generan las propias estrellas. Trappist-1 es una llamada enana roja: pequeña, fría, pero muy activa. La radiación y las erupciones no solo pueden sesgar los datos, sino también modificar o incluso destruir las atmósferas de los planetas. “La estrella es ahora mismo una de las mayores incógnitas a la hora de interpretar los datos”, señala Ahrer.
Es apasionante explorar si puede surgir vida en planetas que orbitan una estrella que no se parece en absoluto al Sol.
Y, precisamente, esa incertidumbre es lo que la hace especialmente interesante desde el punto de vista científico. Porque Trappist-1 es radicalmente distinto a nuestro sistema solar. “Resulta apasionante indagar si puede surgir vida en planetas que orbitan una estrella que no se parece en nada al Sol”, señala Ahrer.
Zona habitable no significa garantía de vida
Por ahora, el balance resulta decepcionante. “Por ahora no hay ningún planeta en otro sistema para el que tengamos pruebas sólidas de condiciones propicias para la vida”, señala el portavoz del MPIA, Markus Nielbock. Además, la zona habitable no es más que una referencia bastante general. “Este criterio no es especialmente revelador”, apunta Nielbock. Porque incluso Marte se encuentra en una zona así y, aun así, es hostil para la vida.
Por eso, todo dependerá de lo rápido que avancen los métodos de observación y de la precisión con la que logremos analizar las atmósferas en el futuro. “Con técnicas de medición cada vez más refinadas, en las próximas décadas podríamos dar pasos decisivos en la búsqueda de una ‘segunda Tierra’”, señala Nielbock.