Ir al contenido principal

“La ciudad es mi rampa”

El profesional de BMX Bruno Hoffmann busca el sitio perfecto para su bici por el mundo: desde Los Ángeles a Copenhague o Barcelona. Aquí nos cuenta por qué, después de todo, seis segundos lo pueden ser todo.

Clara KrugProtokoll: Clara Krug, 28.05.2026
Un conductor de BMX salta con su bici hacia una pared con edificios de oficinas modernos en el fondo y un cielo azul.
El profesional de BMX Bruno Hoffmann en Fráncfort © picture alliance/dpa | Andreas Arnold

“Mi oficina no tiene paredes. Está entre una barandilla de Varsovia, una escalera de Lagos y un muro de Barcelona. Desde hace 25 años me dedico al BMX Street, una disciplina en la que la ciudad misma se transforma en una rampa. Leo ciudades de todos los continentes del mundo como otras personas leen periódicos o libros. Espío patios traseros, me subo a muros y analizo aparcamientos subterráneos cuidadosamente. Si descubro un sitio, comienza la acción. Empiezo a calcular velocidad, salto, aterrizaje, salida. ¿Hay coches? ¿Hay personas? Delante mío: 20 escalones y una fina barandilla de acero. Salto y subo, siento el metal debajo, me deslizo hacia abajo y salto de nuevo.

Todo comenzó sobre una colina de gravilla al lado de la casa donde crecí en Siegen. Cuando éramos niños, construíamos rampas y bajábamos a toda velocidad por la pequeña cuesta en bicicletas destartaladas. Mi primera BMX me la regalaron cuando tenía ocho años. El último día de las vacaciones me caí y se me cayeron siete dientes de leche. Estuve meses sin volver a tocar la BMX.

Dieses YouTube-Video kann in einem neuen Tab abgespielt werden

YouTube öffnen

Contenido de terceros

Utilizamos YouTube para incorporar contenido que puede recopilar datos sobre tu actividad. Por favor, revisa los detalles y acepta el servicio para ver este contenido.

Abrir declaración de consentimiento

Piwik is not available or is blocked. Please check your adblocker settings.

Hoy día, mi BMX me lleva por el mundo. Azerbaiyán, Belfast, Glasgow, Kiev, Moscú, Tokio: he estado en muchísimos sitios. Una vez viajé con profesionales de EE. UU., Argentina, Grecia y España a Lagos, Nigeria. Allí nos esperaban unos 15 a 20 ciclistas muy jóvenes y talentosos. Los más pequeños, incluso, eran adolescentes. Nos conocían por nuestros vídeos en internet. Y hoy montamos juntos en skateparks. Una noche, con el parque iluminado con reflectores, aparecieron breakdancers y raperos. Hace tiempo que no veo tanta alegría y tanta energía juntas en un mismo lugar. Son momentos que perduran porque los grabo. Los vídeos dan visibilidad a mi deporte. Mis patrocinadores me envían por el mundo para que grabe. Capturan trucos que, de otro modo, desaparecerían después de seis segundos.

Un conductor de BMX se desliza con la prolongación del eje trasera sobre una barandilla con espectadores detrás
“Mi oficina no tiene paredes”, afirma Bruno Hoffmann. © alliance / SZ Photo | Lukas Barth-Tuttas

Hay algunas ciudades a las que suelo volver. Barcelona es una de ellas: superficies de piedra lisas, bordes claros, escaleras, plazas que parecen construidas para nosotros. Como si eso fuera poco, una suave luz que se mantiene hasta tarde. En Roma prefiero andar a pie. Me encanta el casco antiguo, pero sus muros y escaleras tienen demasiados años, son demasiado irregulares para una BMX. Lo que más me atrae de cada sitio, sin embargo, no es la arquitectura, sino las personas. Cuando aterrizo en cualquier lugar del mundo, publico brevemente en las redes sociales que estoy allí. El resto sucede solo: alguien me recoge y me muestra los mejores sitios. En nuestro ámbito, lo primero que se pregunta no son cuestiones de dinero o carrera, sino cuál es la barandilla más cercana. Eso es lo que me impulsa. Algunos miles de personas distribuidas por el mundo que ven lo mismo que yo: ciudades que se transforman en rampas cada día”.