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“Un día, alguien me preguntó: ¿Vamos a cenar en bicicleta?”

La profesora de Movilidad Ciclista de Wuppertal, Heather Kaths, nos cuenta qué hace tan especial a la bicicleta y por qué la eterna división entre conductores y ciclistas no conduce a ninguna parte. 

Clara KrugInterview: Clara Krug , 27.05.2026
Heather Kaths, profesora de Movilidad Ciclista
Heather Kaths, profesora de Movilidad Ciclista © privat

Acerca de la persona: Heather Kaths

Heather Kaths es una ingeniera civil y especialista en ciencias del transporte procedente de Canadá. Desde abril de 2021 dirige la cátedra de Movilidad Ciclista de la Universidad de Wuppertal, donde analiza datos e investiga cómo se desplazan las personas mediante modelos de comportamiento y simulaciones del tráfico.

Profesora Kaths, usted llegó por primera vez a Stuttgart desde Canadá cuando era estudiante. ¿Qué fue lo que más le sorprendió del tráfico en Alemania por aquel entonces? 

En aquella época, en Canadá el transporte estaba claramente orientado al uso del coche, y yo misma recurría al automóvil para prácticamente todos mis desplazamientos cotidianos. En Stuttgart me encontré con una realidad completamente distinta. Me llamó la atención lo natural que resultaba para la gente desplazarse en transporte público. Para mí, como estudiante, se podía vivir perfectamente en la ciudad sin coche propio. Pero la bicicleta fue toda una revelación para mí. Que alguien me sugiriera ir en bicicleta a cenar, no para hacer deporte, sino como una forma más de desplazarse. Para mí, aquello era algo totalmente nuevo. Lo que más me marcó de las clases y conversaciones en la Universidad de Stuttgart fue: mi mirada se apartaba más del coche y se dirigía hacia las personas, es decir, hacia la cuestión de cómo los sistemas de movilidad pueden responder mejor a sus necesidades. 

Dos ciclistas circulan por la Nordbahntrasse de Wuppertal, una amplia ruta para bicicletas y peatones construida sobre el trazado de una antigua línea de tren, desde la que se disfruta de una vista privilegiada de la ciudad.
La Nordbahntrasse de Wuppertal: vía para bicicletas y peatones construida sobre el trazado de una antigua línea ferroviaria de 22 kilómetros © picture alliance / Jochen Tack

¿Cómo suele desplazarse actualmente? 

Vivo en Wuppertal, una ciudad con muchas cuestas. Vamos, que no es precisamente una ciudad pensada para la bicicleta. Camino mucho, pero también voy en bicicleta, utilizo el tren colgante típico de aquí y, de vez en cuando, el coche; al final, recurro a un poco de todo. En Múnich, en cambio, era muy diferente: allí, durante once años, la bicicleta fue mi medio de transporte habitual siempre que el tiempo acompañaba.  

¿Qué papel desempeña la bicicleta en la movilidad en Alemania? 

La bicicleta se considera un medio de transporte plenamente integrado en la movilidad cotidiana. Para muchas personas, la bicicleta forma parte de la rutina diaria, ya sea para hacer recados o llevar a los niños a la guardería. En una ciudad ciclista consolidada como Múnich, la clave está en disponer de una red segura y bien conectada. En Wuppertal, una antigua línea ferroviaria acabó convirtiéndose en una vía para bicicletas y peatones gracias al impulso de la ciudadanía. También apuntan al futuro iniciativas como las autopistas ciclistas, cada vez más presentes en muchas regiones y que facilitan los desplazamientos cotidianos a mayores distancias. 

Dos ciclistas avanzan por un carril bici delimitado junto a una avenida de varios carriles, con una señal azul que indica la ruta ciclista.
Una red ciclista amplia y segura es una de las claves que hacen de Múnich una ciudad cómoda para moverse en bicicleta. © picture alliance / SZ Photo | Stephan Rumpf

¿En qué personas y situaciones se centra principalmente su investigación? 

En mi trabajo de investigación integro perspectivas de la ciencia del comportamiento, el diseño de las infraestructuras viarias y la innovación tecnológica. Mi trabajo gira en torno a una cuestión muy concreta: cómo lograr que la infraestructura y la tecnología hagan que desplazarse en bicicleta sea seguro para más personas y, además, resulte una experiencia atractiva. Otro aspecto importante es la dimensión social. Ir en bicicleta suele ser una actividad que muchas personas practican en grupo: parejas que quieren charlar mientras pedalean o padres que acompañan a sus hijos en bicicleta. Eso exige una forma completamente distinta de diseñar el espacio público.  

¿Qué ciudades internacionales pueden servir de referencia? 

París es una fuente de inspiración absoluta. París demuestra lo que puede lograrse cuando existe voluntad política y la ciudadanía la respalda, además de lo rápido que una ciudad puede transformarse para devolver espacio a las personas y a la bicicleta. También resultan muy interesantes iniciativas creativas como los remontes para bicicletas que facilitan las subidas más empinadas en Noruega. Y siempre me gusta poner como ejemplo a mi ciudad natal, Calgary, porque hoy es la prueba de que: incluso en los entornos más complicados —con frío, cuestas y largos desplazamientos— la bicicleta puede llegar a hacerse un hueco en la vida cotidiana. 

¿Cómo le gustaría que evolucionara la movilidad en bicicleta en el futuro? 

No aspiro a una ciudad completamente sin coches; al fin y al cabo, yo también utilizo el coche de vez en cuando. Pero lo importante es encontrar el equilibrio. Cada medio de transporte tiene su lugar: caminar o ir en bicicleta para las distancias cortas, y contar con un excelente transporte público para los trayectos más largos. Así conseguiremos ciudades más habitables, con más espacio para las personas y más zonas sin coches que se transformen en lugares para el verde, el juego, la convivencia y la vida en común. Me molesta esa idea de enfrentar a conductores y ciclistas. Al fin y al cabo, todos buscamos lo mismo: desplazarnos de un lugar a otro. ¡Busquemos juntos soluciones en las que todos tengan su espacio y puedan desplazarse con seguridad!