“Los océanos frenan el calentamiento global, pero pagan un alto precio por ello”
Los océanos actúan como reguladores del clima, pero a costa de su propio calentamiento: la oceanógrafa Karina von Schuckmann nos revela cómo sus efectos se dejan sentir incluso lejos de las costas.
El cambio climático sigue elevando la temperatura de nuestra atmósfera. ¿Qué papel tienen los océanos en todo esto?
Los océanos absorben cerca del 90 % del exceso de calor que genera el cambio climático en el planeta y alrededor de un tercio de las emisiones actuales de CO₂. Esta capacidad de absorción frena el calentamiento global. Pero esto tiene un precio: los océanos se calientan y se vuelven más ácidos, lo que reduce su capacidad para absorber CO₂ a medida que aumenta su temperatura.
¿Qué consecuencias tiene el calentamiento de los océanos, también para quienes vivimos en tierra firme?
La influencia de los océanos llega mucho más allá de sus costas y condiciona aspectos de nuestra vida como el tiempo y el clima. Las aguas cálidas del océano aportan energía y humedad a los ciclones tropicales. Esto puede aumentar su intensidad y prolongar su duración. Además, el aire más cálido retiene más vapor de agua, lo que puede favorecer las lluvias torrenciales.
Las olas de calor marinas, sumadas a la contaminación agrícola y los vertidos de aguas residuales, pueden favorecer la proliferación de algas tóxicas que arrasan los ecosistemas costeros. El resultado son las llamadas zonas muertas, donde peces, moluscos y organismos del fondo marino mueren asfixiados, mientras que las plantas acuáticas también desaparecen. Además, el calentamiento excesivo del agua, unido a la acidificación, puede provocar el blanqueamiento y la muerte de los corales.
La absorción de CO₂ ha llevado también la acidificación de los océanos a niveles sin precedentes. Una amenaza que pone en serio peligro los ecosistemas marinos de todo el mundo.
Quick facts
¿Qué desarrollos están marcando la investigación sobre los océanos y el cambio climático?
Estamos observando un retroceso en la vigilancia de los océanos y en la investigación climática en general. Esto se debe principalmente a los fuertes recortes presupuestarios, que han impedido la aprobación de algunos programas e incluso han provocado el cierre de otros. La situación es muy preocupante. Y es que los modelos necesitan datos reales para su desarrollo y validación. Sin mediciones, avanzamos a ciegas.
¿Qué espera de la COP31?
Confío en que los océanos tengan más voz en el debate internacional, que se preserve el diálogo entre ciencia y política y que la investigación marina sea más escuchada a la hora de tomar decisiones, también en el marco de la Convención de la ONU sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Para ello, es fundamental mejorar la vigilancia de los océanos y los sistemas de alerta temprana, capaces de proteger a la población incluso lejos de las costas. No obstante, la medida más importante sigue siendo reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. No hay otra alternativa.
¿A qué ritmo se calientan los océanos y qué consecuencias tiene para nuestro clima? Buscar respuestas a estas preguntas es la labor de Karina von Schuckmann, una de las oceanógrafas más destacadas de Alemania. La oceanógrafa física trabaja en Mercator Ocean International, en Toulouse, colabora en los informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y coordina la publicación anual Copernicus Ocean State Report, dedicada al estado de los océanos. También forma parte del grupo de expertos de la División de Asuntos Oceánicos y del Derecho del Mar de las Naciones Unidas.