Sobre el futuro de la democracia

La democracia como forma de Estado: Frank-Walter Steinmeier, presidente federal alemán explica en este ensayo exclusivo cuál es su visión del poder de la democracia.

Frank-Walter Steinmeier
Frank-Walter Steinmeier dpa

Quien hoy es preguntado por el porvenir de la democracia o reflexiona sobre qué futuro tiene el sistema democrático, rápidamente se ve confrontado con las preocupaciones de periodistas, politólogos, historiadores e incluso también de los propios políticos. “La democracia se halla al borde del abismo”: títulos como este o similares se leen frecuentemente en portadas de periódicos y libros. Hay quien habla de una crisis existencial de la democracia, otros creen que ya nos hallamos en una era posdemocrática.

Efectivamente, vemos y experimentamos fenómenos preocupantes: una creciente fascinación por lo autoritario, el cuestionamiento de ­logros liberales, el resentimiento contra los partidos y los políticos y, por último, un creciente ­embrutecimiento del lenguaje, con el que se desprecia la política y sus instituciones. Todo ello está ocurriendo a ambos lados del Atlántico. Algunas cosas parecen suceder a segura distancia, y, sin embargo, en el mundo globalizado en el que vivimos nunca están lo suficientemente lejos como para no tenernos que preocupar. Varias preguntas le vienen a la mente a quien reflexiona sobre el futuro de la democracia en un momento histórico en el que el orden político se encuentra bajo tanta presión: ­¿siguen siendo útiles los procesos democráticos, a veces difusos y dilatados, cuando es necesaria una rápida toma de decisiones?, ¿puede la crisis ­climática esperar a la democracia? ¿es posible que las estructuras democráticas sean demasiado complicadas para solucionar las crisis, tanto sea de ­refugiados, de hambrunas o de recursos?, ¿superan las revoluciones tecnológicas, las tensiones culturales, las desigualdades sociales y la problemática ecológica a las instituciones democráticas?

 

La fuerza de las democracias no reside en un ciego afán misionario, sino en su capacidad de autocrítica y superación.

Pasión y determinación

Si cada pregunta a la política se convierte en una cuestión central para la humanidad y los enfoques de soluciones exigen una escala global, es comprensible que muchos se sientan abrumados por tanta crisis. El escapismo o el alarmismo no son muy útiles, pero se trata de reacciones comprensibles. Por lo tanto, mi consejo es: especialmente ahora, ante apremiantes cuestiones ecológicas, debemos tener cuidado de no menospreciar las posibilidades de la democracia frente a la amenazante e incluso apocalíptica magnitud del desafío. No debemos correr tras los que prometen cortar el proverbial nudo ­gordiano con una espada afilada y grandes gesticulaciones. Porque al cortarlo, probablemente se ­destruye no solo el nudo, sino mucho más. También debemos tener cuidado de no enfrentar a los unos contra los otros: por ejemplo, la pasión y la determinación de los jóvenes en las calles contra la ­supuesta obsesión por los procedimientos correctos y la sobria lentitud de las instituciones democráticas. Precisamente ahora es cuando debemos aprovechar al máximo lo que nos ofrece la democracia como forma de gobierno: el espacio para deshacer nudos entre todos. Lugar deben tener tanto la ­pasión y la decisión como la voluntad de diálogo y la razón. Los demócratas deben estar tan radicalmente ­dispuestos a llegar a acuerdos como ser apasionadamente sensatos.

Poder de renovación

Y si, antes de echar un vistazo al futuro de la democracia, miramos hacia atrás en su historia, advertiremos que los retos y amenazas a la democracia no son un fenómeno nuevo. Catástrofes, guerras y problemas globales que exigen soluciones valientes y a gran escala existen no solo desde el descubrimiento del cambio climático. Lo que también ­podemos constatar es que, justamente en tiempos de grandes desafíos, la democracia ha demostrado firmeza y viabilidad. Incluso me gustaría invertir el orden en las preguntas de los escépticos: ¿qué otra forma de gobierno tiene tanto poder de renovación y constante mejoramiento, precisamente porque permite cometer errores y realizar correcciones? En un momento histórico en el que autócratas y autoproclamados hombres fuertes se permiten subir al escenario mundial con una confianza cada vez ­mayor en sí mismos, nos aconsejo a nosotros, los demócratas, que mantengamos la calma: la fuerza de las democracias no reside en un ciego afán ­misionario, sino en su capacidad de autocrítica y superación.

Ni siquiera funciones básicas de la democracia, tales como como la representación y la participación, son variables inmutables. También estas se hallan sujetas a un cambio constante y permanente. Los partidos políticos –en Alemania, en particular los grandes partidos tradicionales– pierden apoyo ­social y nuevos movimientos, nuevas formas de ­compromiso político, nuevos actores, especialmente en internet, buscan su lugar en la cultura del debate público. Ello no refleja, sin embargo, para nada un desencanto con la política. Por el contrario, vivimos en tiempos altamente políticos. Los movimientos de la sociedad civil, hasta el más reciente, “Viernes por el Futuro”, no son explicables de otra manera.

Con ello no quiero ser triunfalista, ni menospreciar los desafíos y las fuerzas centrífugas, que efectivamente existen. No, tampoco debemos creer que nosotros –en Alemania, Europa, la alianza ­occidental – hemos conquistado la democracia para siempre. Por el contrario, debemos volver a aprender a defenderla constantemente.

La confianza de los demócratas

Porque, naturalmente, en un proceso democrático abierto también acechan peligros y hay límites que no deben ser traspasados. La democracia es liberal o no es democracia. La democracia no existe sin derechos humanos y civiles, sin el imperio del derecho y sin la protección de las minorías. Especialmente la historia alemana demuestra que quienes están dispuestos a renunciar a esos derechos acaban ­perdiendo finalmente la democracia. La historia alemana, particularmente, demuestra que es imposible que una democracia sobreviva si no hay demócratas convencidos y valientes.

El camino por el que mi país, Alemania, ha alcanzado la democracia liberal es tortuoso, a menudo contradictorio, con fatales descaminos y profundos abismos. Nuestro camino hacia la ­democracia sería impensable sin el continuado ­apoyo y la confianza que nuestros vecinos y socios en el mundo han depositado en nosotros después de los crímenes alemanes del siglo XX. Pero ese ­camino tampoco es concebible sin las raíces de la Ilustración, la libertad y la democracia en nuestro propio país. Este año, los alemanes celebramos los cien años de la Constitución de Weimar, los 70 de la Ley Fundamental y los 30 de la Revolución ­Pacífica y la Caída del Muro.

Creo que podemos estar orgullosos de esas líneas de tradición sin apartar ni un segundo la ­mirada de los abismos. Y podemos ser conscientes de nuestra responsabilidad histórica por la ruptura civilizatoria que causamos sin negarnos a nosotros mismos la alegría por lo que ha tenido éxito en nuestro país. Ese es el núcleo de un patriotismo ilustrado y democrático, que no oscila dubitativamente entre coronas de laurel y coronas de espinas. El patriotismo democrático tampoco es una cómoda almohada sobre la que descansarse, sino un constante estímulo, un aliciente para todos aquellos que no dicen: “los mejores tiempos pertenecen al pasado”, sino: “queremos y podemos hacer mejor el futuro”. Ese es el optimismo que cultivamos los ­demócratas y la actitud que deseamos para nosotros mismos y nuestros socios democráticos en todo el mundo.

FRANK-WALTER STEINMEIER, PRESIDENTE FEDERAL DE ALEMANIA

Frank-Walter-Steinmeier fue elegido en febrero de 2017 decimosegundo presidente federal de la República Federal de Alemania. Anteriormente había sido ministro federal de Relaciones Exteriores de 2005 a 2009 y de 2013 a 2017. En los años intermedios fue presidente del grupo parlamentario del SPD en el Bundestag. Steinmeier se dedica al tema de la ­democracia con particular intensidad: desde 2017 invita regularmente a interlocutores alemanes y del extranjero de las áreas de la ciencia, la política, la cultura y la sociedad civil al “Foro ­Bellevue sobre el Futuro de la Democracia”.

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