¿Por qué la ciencia desempeña un papel tan importante en Alemania?
En la Charité de Berlín surgió una cultura de investigación que sigue marcando a Alemania hasta hoy. Su historia también muestra por qué la investigación necesita límites éticos.
Kısa kısa en önemlisi
Berlin 19. Yüzyılda tıbbi araştırmanın merkezi olmuştu. Charité’de Rudolf Virchow, Robert Koch ve Emil von Behring çalışıyordu.
Eskiden araştırma ve ekonomi iç içeydi. Siemens ve Schering gibi şirketler bilim ile kol kola tıbbi aparatlar, ölçüm yöntemleri ve ilaçlar geliştiriyordu.
Rudolf Virchow modern patolojiye yön veriyordu. Charité’deki preparat koleksiyonu onun döneminde 1.500’den 23.000 objeye ulaşmıştı.
Virchow sağlığı toplumsal bir görev olarak görüyordu. Hastalıklar, fakirlik ve kötü yaşam koşulları arasındaki ilişki araştırıyor ve daha iyi hijyenik koşullar için çalışmalar yapıyordu.
Berlin sağlık altyapısını modernize ediyordu. İçme suyu tedariki, kanalizasyon ve merkezi bir kesimhane, halkın enfeksiyon hastalıklarına karşı korunmasına yardımcı oluyordu.
NS Dönemi, bilimsel sorumluluğa bakışı değiştirmişti. Doktorlar ve bilim insanları zorunlu kısırlaştırma, hastaların öldürülmesi ve insan deneylerine katılıyordu. Bugün Charité bu suçları ve kurbanlarını da anıyor.
¿Qué tiene que ver una salchicha con la investigación de vanguardia?
Imagina que estás en una fiesta callejera en Alemania. Pides una salchicha y una bebida fresquita con cubitos de hielo. Probablemente no te preguntes ni si la carne es segura ni si el agua estaba limpia. Y eso es precisamente lo que marca la diferencia: para la mayoría de los alemanes, hoy en día la seguridad alimentaria se da por sentada. Sin embargo, detrás de ello no solo hay controles estrictos y normas de higiene, sino también más de 150 años de investigación científica.
¿Desde cuándo desempeña la ciencia un papel tan importante en Alemania?
En el siglo XIX, Berlín se convirtió en uno de los principales centros mundiales de investigación médica. En la Charité trabajaron médicos como Rudolf Virchow, Robert Koch y Emil von Behring. Cambiaron radicalmente la forma de ver las enfermedades: en lugar de limitarse a tratarlas, querían comprender sus causas y prevenir las epidemias. Su investigación dio a conocer a la Charité en todo el mundo y ha marcado la medicina moderna hasta nuestros días.
Dado que los reyes prusianos eran muy ambiciosos y solían librar guerras, invirtieron primero en la formación de médicos militares y, más tarde, también en la investigación médica.
¿Por qué se convirtió Berlín en el laboratorio de la medicina moderna?
La ciudad atrajo a investigadores de todo el antiguo Imperio alemán. “Berlín era un crisol”, afirma Nathalie Stelmach, directora del departamento de Educación y Divulgación del Museo de Historia de la Medicina de la Charité de Berlín. La capital prusiana ofrecía buenas condiciones, especialmente para los médicos y médicas. Según Stelmach, una de las razones radicaba en la política de los reyes prusianos: “Dado que los reyes prusianos eran muy ambiciosos y solían librar guerras, invirtieron primero en la formación de médicos militares y, más tarde, también en la investigación médica”.
Además, desde mediados d el siglo XIX, empresas berlinesas como Siemens y Schering colaboraron estrechamente con el ámbito de la investigación. Desarrollaron aparatos médicos, métodos de medición y medicamentos. Así surgió en Berlín una nueva cultura científica: investigar las enfermedades de forma sistemática, examinar críticamente los hallazgos y aplicarlos en la práctica en colaboración con las universidades, el Estado y las empresas. Lo que surgió en la Charité no se quedó en un modelo de éxito berlinés. La estrecha colaboración entre la ciencia, el Estado y la industria se convirtió en un rasgo distintivo de Alemania como centro científico y sigue marcándola hasta hoy.
¿Qué tiene esto que ver con las salchichas y el agua potable?
Más de lo que parece a primera vista. Entre 1860 y 1880, la población de Berlín se duplicó hasta alcanzar los 1,3 millones de habitantes. Cientos de miles de personas vivían en condiciones insalubres, a menudo sin alcantarillado ni agua potable. En los patios traseros de los bloques de viviendas se sacrificaban animales, los residuos acababan en el desagüe y los gérmenes patógenos se propagaban fácilmente a través del agua y los alimentos contaminados. Los médicos y médicas de la Charité veían las consecuencias cada día: cólera, tifus, disentería y otras enfermedades infecciosas. Uno de esos médicos fue Rudolf Virchow. No solo quería tratar esas enfermedades, sino también comprender sus causas y evitar que se manifestaran.
¿Cómo procedió Rudolf Virchow?
Virchow no se limitó a examinar a pacientes concretos. Recopiló datos, visitó los barrios más afectados y se preguntó por qué se propagaban las enfermedades. Al mismo tiempo, sentó las bases de la patología moderna, es decir, la disciplina que estudia los cambios patológicos en los tejidos, las células y los órganos para comprender las enfermedades. Además, creó en la Charité una colección única de preparaciones. “Cuando Virchow llegó a la Charité, solo había 1500 preparaciones; al final, eran 23 000”, cuenta Nathalie Stelmach. “Y lo más destacable: esta colección ya era pública hace 150 años”.
Para Virchow, la ciencia no terminaba en el laboratorio. Debía mejorar la vida de las personas. Estaba convencido de que las enfermedades no solo tienen causas médicas, sino que están estrechamente relacionadas con la pobreza, la falta de educación y las malas condiciones de vida. Por ello, Virchow y otros reformistas abogaron por que la salud fuera una competencia pública. Y les salió bien: Berlín fue una de las primeras grandes ciudades europeas en construir un moderno sistema de abastecimiento de agua potable, una red de alcantarillado y un matadero central, medidas que protegieron a millones de personas de las enfermedades.
¿Por qué los argumentos éticos tienen tanta importancia en Alemania, por ejemplo, en la investigación con células madre, en la donación de órganos o en la inteligencia artificial?
Virchow y otros médicos de la Charité hicieron que la medicina fuera cada vez más eficaz. Se pudieron comprender mejor las enfermedades, detectar los agentes patógenos y desarrollar nuevas terapias. Sin embargo, a medida que aumentaban las posibilidades de la ciencia, también lo hacía su responsabilidad. Precisamente durante el periodo del nacionalsocialismo, entre 1933 y 1945, muchos médicos y científicos fallaron en este aspecto: participaron en los crímenes del régimen nacionalsocialista, esterilizaron a mujeres contra su voluntad, asesinaron a personas con enfermedades mentales y llevaron a cabo crueles experimentos con seres humanos. La reflexión sobre estos hechos no comenzó hasta décadas más tarde. Desde 2013, la Charité rinde homenaje, mediante un espacio conmemorativo, a los autores y a las víctimas, así como a los numerosos médicos e investigadores judíos que fueron perseguidos, expulsados o asesinados.
Esta experiencia de la época del nacionalsocialismo sigue marcando a Alemania hasta hoy: la ciencia no solo necesita libertad, sino también límites éticos claros. Por eso, las cuestiones relacionadas con la ética de la investigación —desde la investigación con células madre hasta la inteligencia artificial— son objeto de un debate especialmente intenso.