Delicias navideñas a finales de verano
Mientras que fuera todavía hace falta crema solar, dentro ya se imponen las galletas Spekulatius. Un recorrido por algunos de los hábitos alimentarios más peculiares de los alemanes.
En las calles, el asfalto resplandece por el calor, las piscinas están a rebosar… y en los supermercados alemanes ya empieza la Navidad. Puede que en las latitudes meridionales sea normal, pero en Alemania resulta cuanto menos curioso que, a partir de septiembre, entre el carbón para barbacoa, los ventiladores y la crema solar, empiecen a amontonarse el pan de jengibre, las galletas Spekulatius y el Christstollen. Hasta los Papá Noel de chocolate te saludan amablemente desde las estanterías; no se imaginan lo que les espera ahí fuera a 30 grados. Las estrellas de canela, en cambio, no se ven afectadas por el tiempo, hasta que, a más tardar en febrero, son sustituidas por los conejitos de Pascua que aparecen dando saltitos. Y es que en Alemania solo hay tres estaciones: Navidad, Semana Santa y, entre medias, la temporada de barbacoas.
En general, los alemanes tienen una sorprendente tolerancia al sufrimiento gastronómico. ¿Helado en un cucurucho? Con mucho gusto, incluso en invierno, con temperaturas bajo cero. ¿Bocadillo de pescado? Sabe mejor con un vendaval de lluvia horizontal a orillas del mar del Norte. ¿Salchicha blanca con cerveza de trigo a media mañana? En Baviera no es perder el control, sino seguir la tradición. ¿Y la currywurst? Va bien siempre y en cualquier sitio.
El fetiche por el pan y los cuencos misteriosos
Una de las cosas que más desconciertan a muchos visitantes extranjeros es la enigmática cena alemana. Mientras que en otros lugares se cocina, se guisa y comer se convierte en todo un acontecimiento, en Alemania se pone sobre la mesa pan, salchichas, queso y rodajas de pepino y se anuncia con satisfacción: ¡La cena está lista!
Suena modesto, pero es toda una institución. El pan alemán —con centeno, espelta, harina integral, masa madre, semillas y corteza— entra directamente en la categoría de filosofía de vida. Y con razón, ya que goza de una excelente reputación en todo el mundo. Quien se limita a pedir “pan blanco” recibe miradas de desconcierto.
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Abrir declaración de consentimientoY, por supuesto, no puede faltar el cuenco “oficial” de la República: la ensaladera de cristal “Aspen”. En realidad, no representa una hoja de lechuga, sino de álamo. Y, además, lo diseñó un francés. Aun así, parece estar presente en todas las cocinas alemanas, preferiblemente lleno de ensalada de patatas o de pasta. Hace tiempo que se considera una prueba de naturalización no oficial: ¿pasaporte alemán? ¡Enseña primero el cuenco!